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mié 20 Feb 2019

Entrevista a Carlos Valdivia, por Carlos Barea

por Epentismos.com

Entrevista a Carlos Valdivia, por Carlos Barea

El activista, ilustrador y traductor nos habla de su ópera prima, de santos díscolos y de cultura querer.

Carlos Valdivia
Carlos Valdivia (Priego de Córdoba, 1993) pertenece a esa primera generación de jóvenes que fue engendrada al mismo tiempo que la Expo’92 nos mostraba al mundo como un país democrático en ciernes. Por edad, la Guerra Civil y la dictadura le pillan lejos, al igual que muchos de los santos que ha presentado en su ‘Devocionario Queer’ (Egales, 2018). Aún así, su discurso es el de alguien implicado con la problemática actual del Colectivo LGTBI y su obra se evidencia la intención de compensar, a modo de recuerdo, lo que nuestros antepasados queer han sacrificado por la libertad.

¿Qué te impulso a crear un devocionario de personajes LGTB?

No fue qué, sino quién. Fue Mili [Hernández, propietaria de la librería Berkana y editora de la editorial Egales]. Cayó en sus manos una Ocaña y me dijo que tenía que hacer algo con eso. Así que nos pusimos juntos y conseguimos hacer un devocionario, entiendo que LGTB.

¿Entiendes que LGTB?

Sí, no uso el término LGTB en el libro porque no me gusta para este aspecto, aunque para otros entiendo que es necesario.

¿Qué diferencias hay para ti entre el concepto ‘LGTBI’ y ‘Queer’?

El concepto ‘Queer’ es más identitario, más amplio y mucho menos de grupos. Implica todo lo que no sigue la norma. Al término ‘LGTBI’ ahora quieren incluir la ‘Q’ el ‘+’, pero no encaja porque al final lo que hace es que cada uno vaya a su letra.

¿Qué criterios has seguido para la selección de santos?

En la presentación en mi pueblo me preguntaron porque no incluía tal o cual personaje y les dije: «Mira, porque es mi devocionario». No estoy intentando crear un canon ni nada, solo lo que a mí me gusta. Así que, ¿el criterio de selección? Que tengan alguna especie de milagro y que no sean realmente conflictivos, porque hay alguno que lo ha sido después de la publicación.

Entonces, ¿te arrepientes de haber incluido a alguno?

Si alguien quiere hacer un devocionario le recomendaría que lo hiciera sobre santos que estén muertos porque uno vivo la puede cagar mucho. Por suerte yo soy un Papa queer muy maravilloso y los excomulgo rápido. De hecho, puede que haya una excomunión en la segunda edición.

El nombre de esta persona es el elefante en la habitación, los dos sabemos perfectamente de quién estamos hablando.

Sí, el elefante torero: Miguel [Bosé]. Todo ocurrió después de la publicación y, de hecho, una librería dijo que no lo iba a poner porque él estaba incluido. Yo sabía más o menos que él había acudido a la gestación subrogada, pero lo que pasó después fue un imprevisto total.

¿Cuál es tu favorito?

Santa Ocaña
Siempre que me preguntan digo que Ocaña porque lo empezó todo, fue el Big Bang marica. Además, últimamente estoy reconciliado con ella porque las láminas que hago les encanta a la gente. Las compran y se las llevan hasta a Chicago. Aunque ahora estoy acercándome a otros que me están empezando a gustar más. En realidad, eso es lo bueno del santoral, te puedes ir acercando a uno o a otro según te apetezca. Hoy dices: «Hoy le voy a rezar a San Miguel de Molina» y otro día te puedes leer a Gloria Fuertes y pensar: «Pero qué bollera era esta señora y qué mal nos lo han contado todo». Y así te lo pasas genial. Hoy, por ejemplo, es Bibiana Fernández y hace poco fue San Tino Casal. También, desde hace tiempo, Las Costus me tienen bastante ido. Pienso que alguien debe hacer una película, pero nadie la saca y me tiene un poco frustrado.

¿A quién añadirías en una segunda edición?

Quien tengo clarísimo que va a entrar es Paco España. Estaba pensando también en Ángela Ponce, por la importancia, pero hay cosas que me convencen y otras no. Porque al final ¿qué es lo que perpetúa? Además, está viva y la puede cagar mucho [Risas].

¿Qué beatos crees que ahora están en proceso de canonización?

Aquí hay trampa, porque en la primera lista tenía mucha gente actual, pero con el discurso que llevan van a acabar un poco en la mierda. Además, es bastante subjetivo. Supongo que en algunos entornos hace falta gente valiente. Por ejemplo, en el deporte o en la política.

¿Algún youtuber o influencer?

No, no me atrae nada. Es que me aburre. Estaba pensando en Jedet, pero tampoco me dice mucho. Al final todo queda tan entre ellos que nada tiene importancia. Además, hay tantas voces que tienes que ser muy, muy, muy identitario para resaltar. El nivel ahora es mucho más alto que en los ochenta. En una época restrictiva es más posible convertirse en santo queer que en una más liberal. Es más fácil oponerse a una ley que luchar a nivel social.

¿En algún momento tuviste miedo a que pudieran escandalizarse sectores conservadores o religiosos?

Con una portada que habíamos pensado antes, sí. No te voy a contar como era, pero sí tuve miedo. Bueno, miedo no porque el libro tampoco es una ofensa. Es apropiarse de ciertas cosas y aplicarlas a otras. De hecho, he tenido más problemas desde dentro del Colectivo que fuera. Por ejemplo, había mucha gente que se oponía a que metiera a La Veneno y la equiparara con Lorca.

¿Crees que es más eficaz atacar a la Iglesia exponiendo sus defectos o apropiarse de su folclore para reinterpretarlo en un imaginario secular?

Es compatible. Con la reinterpretación del folclore no estoy haciendo nada contra la Iglesia. Yo he vivido mucho tiempo con una educación religiosa y luego salí de ahí, pero todo eso al final se me quedó. Yo con este libro no intento desmontar nada, ni hacer ningún tipo de discurso anti-Iglesia, aunque sí en mi vida real. Sin embargo, deberíamos empezar por exponer los defectos de la Iglesia, aunque cuando exponemos tantas cosas la gente acaba inmunizándose. Mira la corrupción, la gente ya ni lo mira. Con los escándalos de la Iglesia pasa lo mismo.

¿Crees que es moralmente responsable que un integrante del colectivo LGTBI sea católico?

Para mí es incomprensible. Entiendo por una parte que pueda suponer un
sentimiento de pertenencia en ciertos ambientes. Por ejemplo, en Andalucía. Yo soy de allí y no creo que la gente de fuera se pueda imaginar cómo puede impregnarlo todo. Entonces, cuando eres el raro es más fácil encajar en ciertos ambientes. Y en parte entiendo que no quieran renunciar a ello, que prefieran vivir tragando según que cosas, antes que salir también de ese grupo.

Ya que este es un libro de primeras veces, ¿recuerdas cual fue el detonante que provocó que quisieras convertirte en activista LGTBI?

No recuerdo haber tenido ningún flash. Simplemente me metí en el mundo del activismo. Acabé en una asociación, Arcópoli, y empecé a hacer cosas. Vi que hacía falta muchas cosas que a mí me gustaban y en las que podía participar. Es verdad que en el activismo teórico no me meto mucho porque creo que hay gente que puede aportar mucho más, pero sí creo que hay que hacer un activismo cultural.

Entonces, ¿prefieres el activismo cultural al activismo de calle?

Creo que es combinable. Si el activismo cultural no se saca a la calle, la gente no lo ve. Cuando llamas a la gente a la calle, te suelen responder y ver lo que tira y lo que no. Hay muchos modelos de activismo y deberíamos implantarlos todos. No debemos buscar un modelo concreto. Es verdad que ahora mismo hay muy poco activismo de calle. Antes pasaba algo y se tiraban a la calle. Ahora pones un tweet indignado y ya.

¿Cuáles son tus escritores LGTBI favoritos?

Santa Veneno
No te voy a decir autores antiguos como Lorca o Gloria Fuertes porque es súper cliché, así que te voy a decir actuales. Voy a intentar nombrarte uno de cada género. En narrativa, ahí tienes a José Luis Serrano. Hace poco me he leído su última novela, ‘Lo peor de todo es la luz’ (Egales, 2015). Estoy pendiente de leerme los otros. A ver si me los regala porque me dijo que si este no me lo regalaban, me lo regalaba él y me pareció un detalle precioso. Al final me lo compré yo [Risas]. En poesía, ‘Mejillón-cebra/Tiburón-sirena’ (Flores Raras, 2018) porque me tocó la fibra. Es una poesía tan cercana, que puedo empatizar tanto con ella y que es tan bonita que me encantó. En teatro tengo una especial relación con Oscar Wilde.

¿Y tu libro de cabecera?

‘Siete contra Georgia’ (Tusquets, 1987) porque me pareció muy divertido y me lo leí en una tarde.

Así como dentro del mundo literario hay una corriente muy potente de literatura LGTBI, sobre todo gracias a editoriales como Dos Bigotes o Egales, ¿crees que dentro del mundo de la ilustración existe algo parecido?

Hay muchísimos ilustradores ahora mismo que trabajan un aspecto que hasta ahora estaba ahí, pero se había ocultado. Maricones ha habido en toda la historia de la humanidad, como diría Paquita [Salas]. De hecho, en la exposición que estoy organizando intento que sean artistas que hacen arte LGTBI.

¿Hay alguna asociación o colectivo que los una?

Podría citarte Paloma Negra que hacen algunas exposiciones de comunidad LGTB, pero tampoco mucho más. El problema es que ninguna asociación se interesa por la cultura. Tú miras lo que hacen las asociaciones y, quitando la Fundación Triángulo y quizá las charlas y algunas cosas de COGAM, no hay nada. Sería maravilloso que la LACAH (Liga Artístico-Cutural Anti-Homofobia) acabase siendo un lugar de encuentro de artistas. Es lo que estamos intentando poco a poco.

Aparte de ilustrador también eres traductor, ¿qué te tira más?

La ilustración es algo más inmediato. Yo puedo tener una idea y en un día hacer la ilustración. La traducción lleva más tiempo. Sin embargo, sé que la traducción tiene más peso cultural y es más permanente en el tiempo. Una cosa me da más visibilidad y la otra es lo que siempre quise ser desde que empecé a traducir latín en bachillerato. Luego llegué a la carrera y me quería morir [risas]. Ahora mismo la ilustración me está haciendo evolucionar porque estoy arriesgando más y los artistas bebemos unos de otros.

Para terminar, ¿qué proyectos tienes ahora entre manos?

Probablemente en junio salga un libro sobre Stonewall, ilustrado y escrito por mí. Relativamente parecido al ‘Devocionario’, pero más hilado. También estoy rescatando un documento histórico de un superviviente del Holocausto que nunca se ha traducido al español. Pero todavía no puedo decir mucho más.



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