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Ya estamos en el Senado
Será la Cámara Alta la que dé el visto bueno definitivo a la Ley reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas (¡manda huevos!), antes llamada simplemente Ley de identidad de género, después de que el pasado día 7 de noviembre la Comisión de Justicia del Congreso diera luz verde con la única oposición del Grupo Popular (como diría Isabel Gemio: sorpresa, sorpresa) al proyecto. La comisión tiene
poder legislativo, razón por la cual lo aprobado va directamente al Senado sin pasar por el Pleno del Congreso.
Queda menos, pues, para que entre 3.000 y 8.000 personas puedan, si lo desean, proceder a un cambio registral de nombre y sexo sin necesidad ni de una operación quirúrgica ni de una resolución judicial, que es lo que reclamaba en sus enmiendas, afortunadamente sin éxito, el PP. El texto establece además que los menores no podrán recurrir al cambio de sexo hasta alcanzar la mayoría de edad, aunque lo pidan a través de un tutor; sí podrán iniciar un tratamiento para solicitar la reasignación de sexo cuando alcancen los 18 años. El proyecto estipula las condiciones exigibles para proceder al cambio de identidad sexual, entre ellas y además de un diagnóstico médico, la aportación de pruebas que acrediten que la persona ha sido tratada médicamente, al menos dos años, para acomodar sus características físicas a las del sexo reclamado.
La aprobación del anteproyecto fue recibida con alborozo por Pedro Zerolo, secretario de Movimientos Sociales y Relaciones con las ONG del PSOE, partido cuyo papel de motor del cambio se preocupó en subrayar. La nueva ley, dijo, sitúa a España «como el país con la legislación más avanzada del mundo en el reconocimiento de la dignidad y los derechos de las personas transexuales». Zerolo criticó las enmiendas del PP, «propuestas para que todo siga igual, y que persiguen mantener la situación de discriminación y estigmatización de las mujeres y hombres transexuales».
Contentos estaban también en la FELGT por lo conseguido y porque la ley recoge una enmienda a la Ley de Reproducción Asistida para solucionar la discriminación que sufren hasta ahora las madres lesbianas y sus hij@s, y que tiene que ver con el no reconocimiento de la filiación automática para los hijos e hijas de los matrimonios formados por dos mujeres. «Con esta enmienda, con la propia Ley de Identidad de Género, y con la reforma del Código Civil aprobada hace poco más de un año, se completa un ciclo de reformas legislativas que han traído igualdad y dignidad a millones de personas y que han hecho de este país un país pionero en la defensa de dichos valores», declaró Beatriz Gimeno, presidenta de la FELGT.
Menos contentos estaban en el Foro de la Familia. Su vicepresidente, Benigno Blanco, dijo que la Ley sólo satisface «planteamientos ideológicos minoritarios» y advirtió que creará una «gran inseguridad jurídica». Blanco se opuso a que los transexuales puedan cambiar el sexo que figura en su DNI sin operarse, ya que, según su opinión, se incurrirá en un «grave problema de inseguridad jurídica respecto a la definición de las personas (...) el sexo dejará de ser una característica que defina a la persona para ser algo que se cambia a voluntad».
Para el citado portavoz de la mencionada organización, esta Ley es una nueva muestra de la «agenda política radical del Gobierno con la ideología de Género» que, a su entender, «también inspiró el proyecto de ley que equiparó las uniones homosexuales con los matrimonios». Pues sólo faltaría, que el gobierno no actuara conforme a su agenda y su programa... en fin.
Rumore, rumore, rumore...
«El candidato socialista a la alcaldía Miguel Sebastián es gay.» ¿Practica Zero el outing? «Al menos ese rumor se ha extendido como una mancha de aceite en el momento de su designación. A nosotros nos gustaría que lo fuera...»
El apunte va justo debajo de otro en el que (eso parece, aunque...) se habla de Pedro Zerolo: «El antaño activista gay estuvo durante un tiempo en la terna para rivalizar por la alcaldía de la capital de España (...) Pero al final el candidato del PSOE será el asesor económico de José Luis Rodríguez Zapatero, Miguel Sebastián. Hubiera resultado curioso, cuanto menos, si no hasta valiente, proponer a un homosexual para alcalde de Madrid.»
Lo que sería valiente, a la par que normal, sería que los candidatos se presentaran como son. Rumores o secretos a voces, lo cierto es que ni siquiera los candidatos del partido que, bien por él, propició la legalización del matrimonio homosexual en nuestro país se creen en condiciones de asumir en público lo que son en privado.
No son pocos los políticos homosexuales, en todo el espectro: el porcentaje, si de eso hablamos, debería ser equivalente al que se registra en el global de la población. Por ello, en estos tiempos que corren ninguna ocultación se entiende, pero aún parece comprensible (que no justificable) que se escondan aquell@s que militan en el PP... sin embargo, ¿qué explicación tiene el silencio de los demás? Y no vale aquello de «los políticos heterosexuales no proclaman que lo son», porque aquí estamos hablando de otra cosa: de dar carta de normalidad a lo que es normal.
Los rumores no consiguen sino envenenar la situación general y hacer más precaria la de aquellos gays y lesbianas que viven su condición en un ambiente poco propicio. Cuando en el último rincón de España hay alguien que dice, porque se lo han dicho, que «una ministra principalísima de Zapatero se ha casado en secreto con una periodista televisiva», estaría bien que aquélla (si no ésta: al fin y al cabo, la informadora juega en una categoría distinta) aclarara unas cuantas cosas. Si el rumor corre sobre el alcaldable socialista, Sebastián debería salir a la palestra en la seguridad de que nadie le va a asaetear con preguntas o acusaciones inaceptables. Si la alcaldesa de allí gusta de tomarse una horchata en público con su pareja, debería admitir que son más que amigas y que su labor, tantas veces respaldada por los votos de sus conciudadanos, no depende de su condición sexual, de sobra conocida. Si el alcalde de allá es homosexual, que no esconda a su hombre cuando le reciben con honores o le bailan el aurresku. Si a la alcaldesa de aquí le gustan las mujeres, ya puede venir el mismísimo califa a reprochárselo: la suya es una opción tan legítima como cualquier otra.
Quítense las caretas, señoras, señores. Quítenselas aunque sea por interés electoral, o aunque piensen que la revelación les va a perjudicar en su próxima cita con las urnas. Quítenselas por ustedes, y por nosotr@as. Quítenselas, porque los rumores, esos sí, los carga el diablo.
Mucho más que un matiz
Acudimos a la presentación en la Sociedad General de Autores primero, y en Berkana después, del último disco de Inma Serrano, Polvo de estrellas, un trabajo grabado en directo, que no es un grandes éxitos, puesto que reúne once nuevas canciones más otra que, ésta sí, tiene solera (La ola: dice Inma que «es mágica, siempre da suerte») con el que celebra 10 años de carrera.
Para lo que sin duda es un hito en su trayectoria, la de Alicante se ha rodeado de buenos amigos que son buenos artistas. Las fotos son de Bárbara Allende Ouka Lele, ante cuya cámara Inma posó vestida apenas con una guitarra española, y el vídeo del primer single, Te esperaré una vida, lo firma Antonio Zabálburu, el doctor Sotomayor de Hospital Central. A nadie extrañará, por ello, que en las imágenes aparezca Diana Palazón, esa mujer que en la pequeña pantalla bien podría cantarle al médico de ficción aquello de: ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio. Pero no cambiemos ni de protagonista ni de registro...
La canción que abre el disco se titula Pasión existe y en el cuadernillo que acompaña al CD, leemos que la letra empieza así: «Donde vayas tú está mi casa...» Pero cuando la compositora canta, lo que dice es: «Donde vaya ella está mi casa...»
Antes no había nada que ocultar, y no hay ahora nada que desvelar. Pero la pequeña diferencia no es ninguna tontería, y aunque Inma no aspira a hacer bandera de nada, tampoco quiere esconderse. «Todo ha cambiado desde que se aprobó la ley...», nos comentó en Berkana. No le falta razón. Y por ello, en esta tribuna desde la que tantas veces hemos defendido la visibilidad no nos queda otra que aplaudir su gesto. Bueno, también nos queda comprar su disco...
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