Un aldabonazo que aún resuena
«Rechy cuenta la verdad, y la cuenta con tal pasión que no nos queda más remedio que hacernos eco de la vida que transmite. Estamos sin duda ante un logro tan liberador como mortificador».
Quien esto afirma no es un cualquiera: James Baldwin sabía lo que se decía, y su condición de escritor homosexual le faculta (si tal licencia hace falta) para comentar este libro desde una perspectiva que pocos pueden alcanzar.
Cuando John Rechy (10 de marzo de 1934, El Paso, Texas) irrumpió en el mundo literario estadounidense con esta novela semiautobiográfica (como todas las suyas), algunos anunciaron el nacimiento de una nueva era de la ficción gay. Corría el año 1963, el año en que mataron a Kennedy, y no era tan habitual que un escritor se lanzara con tanta soltura a explorar los caminos que recorren los outsiders sociales y sexuales.
Un escritor, permítannos el inciso, cuyo «componente chicano» no cometeremos el error de despreciar. Porque en sus novelas, el paisaje y el paisanaje es el suyo. «¿Qué decir de un John Rechy que escribió y escribe no solamente en inglés, sino de temas que muchas veces no tienen nada que ver con la temática y vida chicanas? —se pregunta Lupe Cárdenas, profesora de español en la Arizona State University West—. No siempre se le consideró como autor chicano, precisamente por eso. Hoy día se le considera como a uno de los autores chicanos de avant-guard. ¿Fue, es o será difícil encasillarlo?».
Pero volvamos al libro que nos ocupa. La ciudad de la noche es un recorrido por el turbio inframundo urbano de la prostitución masculina, un territorio fluorescente por el que también transitan drag queens y hombres de todo pelaje y condición.
El viaje fascinó a los críticos estadounidenses: «Un libro admirable», sentenció The New York Times Book Review; «Probablemente no haya primera novela más completa, tan bien armada y tan importante», estimó The Houston Post; «una de las novelas más extraordinarias que veremos aparecer en muchos años», concluyó Herbert Gold.
También encandiló a quienes, como David Bowie, buscaban nuevas vías. «Es verdad que nos encantaba la música underground de EEUU y City of Night de John Rechy —admite el artista cuando recuerda cómo inventó el glam—, pero en Londres ya teníamos nuestras propias drogas y drag queens, gracias. También eran nuestros La naranja mecánica, Lindsay Kemp, Berlín y Fritz Lang, George Orwell y Nietzsche, Kansai Yamamoto (responsable del corte de pelo de Ziggy), el ejército gay de Mishima y Colin Wilson. Podría continuar con esta lista hasta la extenuación, porque los ingredientes del glam eran vertiginosamente disparatados.»
Pero los ecos de la hazaña se apagaron en el secarral celtibérico, debido a esa censura que todo lo agostaba. La obra fue candidata al Premio Formentor, un galardón como una bocanada de aire fresco creado por Seix Barral junto a un ramillete de selectos editores europeos y americanos. La mecánica era como sigue: los editores incluidos en el proyecto presentaban una novela que, si conseguía el premio, era traducida y publicada simultáneamente por todos los demás.
La de Rechy no pasó el corte de la censura. Afortunadamente, los libros que dejan huella no desaparecen tan fácilmente y, aunque sea con años de retraso, aquí lo tenemos.
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