Eduardo Mendicutti, escritor.
Su última novela: Ganas de hablar (Tusquets, 2008).
Oscar Wilde ha sido un ejemplo para otras librerías, un punto esencial para la cultura homosexual, un lugar de encuentro para tantos lectores que sabían que allí se podían encontrar esas referencias literarias de las que carecimos durante tanto tiempo... No sé si es un indicio de lo que puede pasar, espero que no porque espero que las librerías cuenten con la colaboración, la complicidad, la asistencia y la insistencia de los lectores, que en lugares así se sienten cómodos, se saben bien informados. Confío en que se sienten implicados y animados a visitar y comprar en estas librerías.
Porque algunos podrían pensar (y decir incluso que es la parte buena del cierre de una librería, que es algo que yo creo que no tiene ningún lado bueno) que la crisis de establecimientos como éste se debe a que los libros ya no están sólo en las librerías especializadas, que podemos encontrarlos en cualquier tipo. Pero sabemos que eso no es así, entre otras cosas porque es perfectamente compatible que los libros de literatura homosexual tengan su lugar de referencia aunque al mismo tiempo figuren en la estantería de cualquier otra librería.
Yo espero que los lectores gays, lesbianas, o simplemente aquéllos que están interesados en la cultura homosexual, sigan teniendo librerías especializadas en cualqueir parte. Deseo que lo ocurrido a la Oscar Wilde no sea más que un tropiezo, y no trascienda a otras.
Juan Vicente Aliaga, Profesor de la Universidad Politécnica de Valencia y autor de Orden fálico. Androcentrismo y violencia de género en las prácticas artísticas del siglo XX (Akal, 2007)
El cierre de la librería neoyorquina obedece en parte al desinterés y a la debilidad de una comunidad LGBTQ que cada vez tiene menos conciencia de serlo (me refiero a un sentido de lo comunitario dentro de la diversidad y no de la homogeneidad uniforme) en un periodo en que el mundo del libro pierde terreno ante el culto a la imagen y a la Información de digestión rápida. Otras librerías, especializadas en cuestiones consideradas minoritarias, también han cerrado, no es pues algo exclusivo de la Oscar Wilde.
El referente norteamericano no significa que se haya de aplicar miméticamente en todas partes. Que yo sepa continúan las librerías de París, Berlín, Barcelona, Madrid y Londres (con dificultades, eso sí). En la mayoría de países latinoamericanos no existen librerías de este tipo, lo que está en consonancia con la endeblez de la conciencia social respecto de la igualdad de derechos. Por no hablar de la situación en los países asiáticos o africanos. Queda mucho por hacer. Creo que todavía hay espacio para las librerías militantes aunque éstas hayan de prestar más atención a las preferencias de los distintos públicos de hoy. Y tal vez deban ampliar la clase de libros que ofrecen a otros sectores sociales igualmente marginados, más allá de la sexualidad. El refuerzo de la importancia de los estudios de género, del feminismo, de la diversidad sexual en las universidades debería dar frutos en la formación de nuevos lectores. Por otro lado, si los y las dirigentes de los movimientos LGBTQ en el estado español leyeran más eso sería también de ayuda.
 |
Javier Sáez. Sociólogo, fundador de la revista electrónica queer Hartza.com. y coeditor, con David Córdoba y Paco Vidarte, de Teoría queer (Egales, 2005)
El cierre de Oscar Wilde supone una enorme pérdida para la comunidad LGTB de NY, y a la vez un síntoma de la oleada de conservadurismo y homofobia que atraviesa ese país desde el 11S. Es tambien una perdida social, porque ese lugar era un espacio de socializacion gay y lesbiano, de encuentro y de creación cultural.
También me parece un indicador de la voracidad de grandes cadenas libreras como Barnes and Noble, Waterstone's, WH Smith, etc., que han ahogado a las librerías modestas o independientes. Y quizá también un síntoma de los nuevos tiempos, donde las librerias on line tipo Amazon tienen bastante éxito. Una consecuencia de la venta on line es que produce un efecto de armarización, ahora muchas maricas y bolleras se refugian en la red a la hora de comprar libros, porque las librerias LGTB son un espacio de visibilidad.
Creo que hay futuro para las librerías militantes, en la medida en que éstas sepan llegar a un público más amplio y darse publicidad fuera de los espacios donde ya las conocemos. Por otra parte hay una nueva generación de bollos y maricas mucho más deshinibidas y con ganas de aprender y de leer, que aprovechan y disfrutan las librerías militantas, alternativas y LGTB.
Luis Antonio de Villena. Escritor y director del programa de Radio5 (RNE) «Las aceras de enfrente». Uno de sus últimos trabajos: Biblioteca de clásicos para uso de modernos (Gredos, 2008).
Yo creo que el juicio que se haga depende de saber por qué la cierran, si la cierran porque no tienen clientes o si la cierran porque los libros de tema gay se pueden vender ya no en una única librería sino en muchas librerías.
A nivel personal me parece bonito que haya librerías temáticas, igual que las hay dedicadas a los viajes, o al derecho, dedicadas al tema gay y lésbico. Que son librerías de amplio espectro, porque también venden libros de fotografías, DVD... Y desde luego, sí que debe seguir habiendo librerías de tema gay y lésbico, Ahora, si la Oscar Wilde cierra porque no tiene clientes, hay que volver a la pregunta: ¿por qué no los tiene? ¿Por qué han dejado de comprar libros? ¿Porque no les interesa el mundo gay? ¿Porque hay gays incultos que no leen? ¿O porque mucho de lo que se publica de esta temática lo publican editoriales que distribuyen en cualquier librería?
Es bueno que existan librerías especializadas, que han sido durante mucho tiempo un punto de encuentro. Pero se entiende que cuando hay librerías especializadas nunca son muchas, Madrid no soportaría más de dos, y el librero de la librería especializada tendría que estar absolutamente al día de todo, traer libros del extranjero, obras raras, ¡por eso es especializado!, tendría que tener multitud de cosas que no puedes encontrar en una librería generalista, tiene que ir a París, a Londres, a Nueva York, ser un genuino experto, conocer todo lo que se publica. Y eso hoy por hoy todavía no existe en España.
Otra cosa es que vivimos en un mundo donde la cultura es cada vez más desdeñada por una masa ignorante y por unos políticos igualmente ignorantes. Cada día se lee menos, y en esto los gays y las lesbianas no son diferentes. Pues bien, si esa ignorancia generalizada se extiende, también tocará a gays y lesbianas. Y si los gays y las lesbianas no compran ni en la librería especializada ni en la generalista, eso sí es una tragedia, porque implicaría que el colectivo retrocede, al no tener cultura será inconsciente de sus derechos, inconsciente de su historia, será más manejable por el poder, será servil al poder... Eso sería una catástrofe.
Alberto Mira. Profesor en la Oxford Brookes University. Su último ensayo: Miradas insumisas (Egales, 2008)
Primero decir que lo lamento. Antes de que existieran establecimientos similares en España, la Oscar Wilde constituía un horizonte utópico. Personalmente, entrar y estar tan rodeado del tipo de libros que hablaban de cosas que se nos tenían negadas, fue un gran momento en la conciencia que tengo de lo que es ser gay. También diré que en general a mí me dan más marcha los libros que la vida real. Supongo que para mucha gente, ir de manifestación tenía el mismo efecto que para mí verme rodeado de libros. Va a temperamentos.
¿Qué supone su cierre? Hay varias respuestas. Primero que la Oscar Wilde no llegó a convertirse en un lugar de encuentro (por lo menos en el periodo en que yo la visitaba). Era una librería, pequeña, sin café. Cuando estaba vacía intimidaba un poco (como me sucede por otra parte con las librerías pequeñas: yo soy de pasarme horas mirando libros y tener a alguien que te pregunta si buscas algo me incomoda cantidad; no «busco» nada, me gusta sorprenderme y suelo salir más cargado de lo que puedo permitirme con cosas que no «buscaba»; mi problema es que encuentro sin buscar). Quiero decir que a lo mejor tenían que haber evolucionado en otra dirección: llegó el momento en que no bastaba con existir. Y luego llegó otro momento en que el negocio de las librerías se vio amenazado por la compra de internet y tampoco es que se pusieran las pilas. Finalmente la competencia era brutal: parte de las cosas que uno buscaba en la librería estaba ahora en la web, y por si fuera poco las secciones gays en las librerías neoyorquinas estaban cada vez más desarrolladas. Lo que me sorprende es que haya durado tanto.
¿Pasará en España? Tengo la bola mágica en el taller de reparación, así que una respuesta autorizada no os voy a poder dar. Pero creo que la situación es diferente. Aquí hay menos instituciones culturales gays, y creo que por ello las librerías (y los pocos lugares que quedan) pueden conservar mayor peso. También hay que pensar que las librerías saben que tienen que ser algo más que una tienda donde se venden libros o arroparse en el aura simbólica. Y si es necesario invertir más en el tema virtual, pues a lo mejor es el futuro. El problema con el futuro es que nos puede gustar más o menos, pero pararlo no lo vamos a parar. Es una pena que la Oscar Wilde desaparezca, sobre todo porque creo que tendría que haberse transformado en otra cosa. No es cuestión de decir, «si no podemos ser una librería no queremos ser nada»: hay otras maneras de hacerse cargo de la función de la librería y yo creo que en España se es más consciente de ello. Dicho esto, la crisis afecta a todos. Y ya que estamos el fenómeno no solo afecta a la cuestión gay: en Nueva York en el 2003 había dos tiendas maravillosas, una de libros de cine y teatro, la otra especializada en discos de musicales. En el periodo de un año ambas cerraron sin dejar rastro. Ya digo, ha cambiado la situación y sobrevivirán quienes se adapten a las nuevas necesidades.
volver a la portada