Epígrafe Literatura

Cuando una librería se cierra...
por MILI HERNÁNDEZ

El adiós de Oscar Wilde

Caeré en la tentación de parafrasear al escritor: ésta es la crónica de una muerte anunciada. Oscar Wilde llevaba años en crisis, hace tres o cuatro años la librería sobrevivió sólo gracias a la intervención de los dueños del Lambda Rising, propietarios de librerías gays en Washington y Baltimore, pero en mis últimos viajes a Nueva York pude comprobar que la alegría que respiraba en los años 70 y 80 había desaparecido, y que ese abandono se explica por la deserción de tantos gays y lesbianas, que han huido del Village para instalarse en Chelsea o lejos de NY, en otras zonas de EE.UU.

Pero el haberlo previsto no me ha evitado el disgusto: cierra la librería gay y lésbica más antigua del mundo, un símbolo. Y yo no he querido ahorrarme la reflexión porque, sí, nos toca pensar la razón de existir de estas librerías especializadas, y tan peculiares; y determinar si tienen fecha de caducidad.

¿Para qué han servido y para qué sirven librerías como Berkana en la España de hoy, cuando los gays y las lesbianas han visto (al menos sobre el papel, pero ése es otro debate) sus derechos plenamente equiparados? ¿En una sociedad donde la homosexualidad es cada día que pasa más visible en el ámbito de la cultura, de la política, ha logrado penetrar en casi todos los ámbitos de la sociedad?

Es obvio que muchos gays y las lesbianas en 2009 no necesitan el tipo de literatura que aquí ofrecemos, ni buscan respuesta para esas preguntas que nos atormentaban hace 20 años. Y debemos estar felices de que así sea, porque esto es el resultado de años de lucha.

Si una adolescente lesbiana busca información, pistas, ayuda, al primero al que se encomienda es a San Google, donde encuentra 20.000 artículos que pueden orientarla. Mejor todavía: a buen seguro tiene una amiga en la que puede confiar. Bien distinto era el panorama hace no tanto, cuando estas librerías y lo que en ellas ofrecemos tenían la condición de «artículos de primera necesidad»: aquí las lesbianas, y los gays, encontraban respuesta para sus muchas preguntas, ensayos donde se les contaba una historia desconocida, silenciada, pero también literatura de evasión en la que hallaban modelos que se parecían a su realidad. 

Para muchos gays y lesbianas, las librerías han sido el primer espacio gay y lésbico que han podido pisar. Nos lo han dicho miles de veces: «Berkana fue el primer negocio gay al que entré», «Fue el primer lugar gay que vi»... Aquí se les informaba de todo, desde dónde hay un bar de ambiente hasta dónde localizar un psicólogo amigo. Eso cuanto no ejercíamos quienes aquí trabajamos como psicólogos improvisados.

Otro factor que conviene tener en cuenta: toda esta literatura se ha abierto camino en las librerías convencionales e incluso en las grandes superficies. Eso, claro, por no hablar de Internet, la megalibrería donde se puede encontrar de todo a cualquier hora y en cualquier sitio. Y por no entrar en un fenómeno que ha hecho mucho daño a la lectura: los foros y los chats. ¡Cuántos clientes gays (no lesbianas) nos dicen que desde que se inventaron están enganchados por la noche! Antes, en esas horas leían...

Y hay un tercer factor en el que quiero insistir: la falta de responsabilidad, la inexistencia de un compromiso militante con los negocios gays. Y no me refiero a todos los negocios gays por el mero hecho de serlo, sino a aquellos cuya existencia es una forma de militancia. Me parece innegable que la mayoría de las librerías homosexuales que ha habido y hay en el mundo han contribuido a hacer más fácil la vida a gays y lesbianas. Pero muchos de nuestros clientes prefieren consumir en El Corte Inglés o en FNAC o en La casa del libro antes que en una librería especializada, que está haciendo un esfuerzo no sólo manteniendo un fondo que sólo aquí se encuentra, sino —dadas nuestras características— viéndonos obligados a abrir nuestras puertas en pleno centro de las ciudades, allí donde los alquileres son más altos.

Lo que digo de los libros vale para las películas. La mayoría de quienes a Berkana se acercan confiesan sin rubor que se bajan las películas gratis. Eso es una falta de respeto a los creadores. Cuando no haya películas gays porque los productores que se dedican a este tipo de cine se harten de no vender, de no tener acceso a los cines, dejarán de hacer filmes gays. Cuando los escritores se cansen de que sus novelas gays sean rechazadas, pasarán a escribir literatura «hetero». Cuando un historiador vea que nadie le publica su ensayo sobre los gays en la historia, pues pasará a otra cosa.

Oscar Wilde, y con ella tantas otras, no sólo vendía libros sino que estaba ahí visibilizando la cultura gay y lésbica, a los autores gays y a las autoras lesbianas, que en otras librerías no están presentes y que otras editoriales no habrían publicado nunca. Por eso, los gays y las lesbianas tendríamos que comprometernos mucho más con la gente que ha hecho posible que esta cultura sea visible.

Algunos dirán: «Mili escribe así porque defiende su negocio». No lo niego. Pero recordad que Berkana ha crecido según las necesidades de gays y lesbianas, se ha mudado dos veces porque nos hacía falta más espacio y, si las tornas cambian, a lo mejor en algún momento nos tendremos que plantear ir a un local más pequeño, o vender exclusivamente por internet. Será lo que vosotros queráis, como siempre ha sido. Sólo pido que seamos conscientes de que precisamente porque tenemos el poder de decidir cómo queremos que sean las cosas, en nuestras manos está el preservar eso que tanto esfuerzo nos ha costado alcanzar: la visibilidad de nuestra cultura. En vuestras manos está.

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