Diez años más tarde, en otro festival español, el de Gijón, Anger justificó esa vena cotilla porque, dijo, con los trapos sucios de sus libros le alcanzaba a financiar sus mediometrajes experimentales. Y reveló su intención de seguir explotando la veta. De hecho, en ese entonces aguardaba que sus abogados le dieran luz verde para alargar la serie con una tercera entrega. ¿Qué cuenta en ella?, quisieron saber los siempre chafarderos periodistas. «Hay un apartado entero dedicado a Frank Sinatra y sus problemas con las drogas. No pude publicarlo en la segunda parte porque Sinatra estaba vivo y era violento y vengativo. Si todavía no ha salido el libro es porque un capítulo está dedicado a la Iglesia de la Cienciología, un culto que considero peligroso.» ¡Que se lo digan a la familia de Tom Cruise! Y había mucho más: «Los estudios Warner casaron en 1925 a la estrella que les salvó de la bancarrota, el pastor alemán Rin tin tin, en una espectacular ceremonia envuelta en los fastos más increíbles de la época, que incluía trajes de novios y cama matrimonial, con una perra que resultó ser hermana suya, de la misma camada».
Pero, lo que en Málaga, Gijón y, desde luego, aquí y ahora nos interesa de este «poeta del cine y detective de archivos», según su propia definición, no es tanto su vertiente editorial como su condición de director cinematográfico.
Kenneth Anger (Santa Mónica, 1927, aunque algunas biografías retrasan su nacimiento tres años), nieto de una encargada de vestuario de Hollywood e hijo de actores, alcanzó el estatus de figura del underground con sólo 17 años gracias a un cortometraje titulado Fireworks, retrato inmisericorde de los marines norteamericanos. Entre sus provocaciones, un soberbio plano de un pene que explota.
No es su única originalidad, su trabajo se nutre de tres influencias que él mismo confiesa: la del maestro del ocultismo inglés Aleister Crowley; la de Sergei Einsenstein, cuyo montaje de atracciones le subyuga; y la de Reinhardt, cuyo teatro fue determinante para el nacimiento del expresionismo cinematográfico alemán, presente en el tratamiento argumental de sus temas.
De ahí su fama, ganada a pulso durante los años cincuenta y sesenta con delirantes películas basadas en un cóctel de ocultismo y cine vanguardista, cortos y mediometrajes generosos en iconografía sadomasoquista, fetichista y homosexual.
Ahora, por fin, se edita en nuestro país la obra de este director, que perteneció al movimiento Queercore (donde también se engloba a Bruce LaBruce), e influyó en directores como John Waters, Martin Scorsese, Rainer Werner Fassbinder o David Lynch pero también el pop art de Andy Warhol. En todos ellos podemos rastrear esa utilización de los símbolos y las obsesiones personales, esa combinación de mito, ritual y artificio que caracterizan el cine de Anger.
Los dos DVD que aquí glosamos recopilan, el número I, la primera mitad de la carrera del director, desde su debut en 1947 con Fireworks pasando por Puce Moment, Rabbit's Moon, Eaux d'Artifice, hasta llegar a Inauguration of the Pleasure Dome, mientras que el número II se ocupa de la segunda mitad de su producción: arranca con Scorpio Rising y desemboca en Lucifer Rising, tras permitirnos recuperar Kustom Kar Kommandos e Invocation of My Demon Brother.

Fotograma de Scorpio Rising
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