La Shahrzad del título es una mujer joven, iraní de nacimiento, que vive desde hace años en Italia para estudiar, en un curioso viaje de ida y vuelta, la civilización de la antigua Persia. Es evidente que, incluso en la distancia, está fascinada y condicionada por la historia de su país de origen, así que a nadie extraña que quiera ir y conocer su lugar de origen…
El retorno al kilómetro 0 de su vida es el punto de partida de este diario, mediante el cual conocemos de primera mano cómo Shahrzad recupera su pasado y su propia identidad. Basta con cumplir con el ritual de ponerse el chador al embarcarse en un vuelo de Iran Air para que la memoria se reavive… y con el primer recuerdo vuelva a ella Parvin, su primer amor y amiga de la infancia.
Ni que decir tiene que no estamos ante una sucesión de anécdotas personales, intrascendentes. De la mano de Shahrzad nos adentramos en un país en el que nadie se siente libre, y las lesbianas y homosexuales menos que nadie. Los autores denuncian las condiciones de vida que la Sharia, la ley islámica impone al colectivo LGTB (y si utilizamos esta expresión, «colectivo LGTB», es para entendernos, porque nada más alejado de la realidad cotidiana iraní que un movimiento organizado) en Irán y en los países árabes, cuyas consecuencias son un trato vejatorio, la exclusión social e incluso la pena de muerte en algunos casos.
El jardín de Shahrzad es una novela sociológica y un diario íntimo que funciona también como un blog, en el que las mujeres, abrumadas por la censura que impone una religión omnipresente, encuentran, amparadas en el anonimato que ofrece este medio de comunicación, la posibilidad de expresarse libremente, luchar por sus derechos y hablar sin tapujos de su orientación sexual.
Su lectura nos ha hecho pensar en otro libro-denuncia, el que hace algún tiempo publicara Egales firmado por quien fuera corresponsal en El Cairo del periódico The Guardian, Brian Whitaker, a raíz de un hecho noticioso que quizá recordéis: en 2001, la policía egipcia hizo una redada en el Queen Boat, una discoteca flotante en el Nilo frecuentada por hombres a los que les gustan los hombres. Los arrestos, el juicio subsiguiente y el escándalo suscitado en la prensa egipcia (en gran parte bastante inventado) arruinaron, en nombre de la rectitud moral, numerosas vidas. Fue una de las pocas ocasiones recientes en que todos los medios de comunicación árabes se han fijado en la homosexualidad.
Leer, ya lo sabéis, es una manera de viajar, y una herramienta para saber y, en su caso, denunciar.
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