Booklist se asombró ante la maestría que el autor debutante demuestra a la hora de crear una voz irónica, autodestructiva, la de este Jarold de 16 años que protagoniza la novela. Es una víctima.
Para empezar, de quienes le dieron ese nombre y así escrito, no sorprende que prefiera que le llamen
Jaz; y para seguir, de la sociedad en la que le ha tocado vivir a él, cuya única ambición (al menos de momento) es divertirse en su pub gay, al que acude con su mejor amigo,
Al (diminutivo de
Alice).
Sí os podemos adelantar que en su peregrinar, no deja de sufrir las consecuencias de las acciones y las omisiones de todos los que le rodean: sus padres, que se odian entre sí y están empeñados en mandarle a un psiquiátrico; su hermana (a quien él llama La Monja), quien desea que se queme en el fuego eterno del infierno; el matón de su instituto y sus secuaces, ansiosos por hacerle la vida imposible; su mejor amigo de la infancia, convertido ahora en un neonazi… y encima, el hombre de sus sueños, un vejestorio de 22 años, no quiere liarse con un adolescente.
¿Un culebrón? Ni de lejos, gracias sobre todo a la pericia y el sentido del humor del escritor debutante (cuyo parecido con el personaje que aparece en la portada de la edición inglesa del libro es, cuando menos, llamativa). Jaz se revela como un narrador divertido, truculento, un personaje a la medida de su creador. Y su historia, por tantas cosas dramática, se nos antoja sobre todo fresca, inteligente, dulce… os atrapará.
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