Jeffrey juró que no tendría relaciones hasta encontrar al hombre de su vida. Normal (en parte): es gay y está aterrado ante la posibilidad de ser víctima del virus del sida, así que su voto de castidad, lejos de avergonzarle, le hace sentirse orgulloso. Sí, aunque no se lo crea nadie, vive muy feliz así, felicísimo… hasta que en su camino se atraviesa un bello joven que, casualmente, tiene el maldito virus.
Esta comedia romántica gay, tierna, inteligente, divertida, basada en una obra teatral de gran éxito, está protagonizada por un reparto excepcional, encabezado por
Steven Weber, Michael T. Weiss, Patrick Stewart, Bryan Batt y Sigourney Weaver. Fue una de las primeras películas en afrontar el espinoso asunto del sida sin dramatismos innecesarios: el protagonista,
Jeffrey (
Steven Weber), es consciente de que el virus ha convertido el acto sexual en algo radiactivo y como es paranoico, reacciona en consecuencia: sobreactuando.
Cuando la obra teatral primigenia subió a los escenarios, allá por 1995,
Jeffrey tuvo el mérito de poner el miedo al contagio en su sitio, en un momento en el que la crisis del sida alcanzaba su apogeo. Su autor,
Paul Rudnick (quien posteriormente escribió la casi familiar
In and Out) no dejó pasar la oportunidad de reírse de todo y de todos en un momento en el que todo daba miedo, y todos estaban aterrados, con lo que podemos decir que, hoy en día,
Jeffrey es el testimonio de una época obsesionada, lógicamente obsesionada, que afortunadamente no volverá.
Pero que nos marcó. El
Jeffrey que
Weber interpreta está deseando exprimir la vida, pero no se atreve. Y quien pone ese toque divertido, que parece loco pero se nos antoja muy sensato es su mejor amigo, el decorador de interiores interpretado por
Patrick Stewart, cuya lengua afilada siembra la película de frases impagables.
Junto a ellos, Sigourney Weaver, Kathy Najimy, Christine Baranski, Nathan Lane… un plantel de lujo para una película cuya ligereza no debe confundirse con superficialidad.
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