Tenemos ya el pack con las cuatro primeras temporadas de The L Word... ¡y nos regalan un calendario!

¡Y venga a arrancar hojas! |
Muchos recuerdos, muchas emociones, la posibilidad de revisar el arranque y la consolidación de una serie que ha roto moldes y a la que, ¡ay, ay, ay!, le queda poco, muy poco recorrido: la sexta Y ÚLTIMA temporada arranca en enero de 2009.
Pero volvamos al principio… Hace ya cuatro años, una legislatura completa (18 de enero de 2004, Bush culminaba su segundo año de mandato y enfilaba la senda del segundo), ShowTime rompió moldes al lanzar una serie que —nos dijeron— rompe el tabú sobre el lesbianismo: The L Word, «la palabra (que empieza por) L».

Fotograma del episodio piloto |
Los cronistas en particular, y el público en general, de entonces no pudieron ocultar su sorpresa ante la irrupción de ese grupo de treinteañeras elegantes y atractivas, promiscuas o no, unas insensatas, otras deseosas de tener hijos, lesbianas todas. Era la guinda para un pastel que se había venido cociendo desde hacía años: el beso que la cadena ABC trató de censurar en 1994 en la serie Roseanne entre la propia Roseanne Barr y Mariel Hemingway; el beso en 2001 que se dieron las very Friends Jennifer Aniston y Winona Ryder… Pero esto, por mucho que no fuera en cadenas abiertas sino en una por cable, cambiaba la cosa, queremos decir, la percepción y el impacto.
El nombre detrás de la serie era el de Ilene Chaiken, productora y lesbiana, quien ha contado cómo la recibieron en los diferentes despachos cuando lanzó su idea, en 1999: es hermoso, pero irrealizable. Todo cambió cuando Queer As Folk (los chicos siempre lo han tenido más fácil) cosechó el éxito que tuvo.
Chaiken manifestó entonces su firme voluntad de huir de los tópicos para atraer hacia su propuesta no sólo al público en principio ganado para la causa. Pero sin renunciar a nada, como quedaba demostrado por el hecho de que los primeros episodios, escritos por la propia Chaiken, fueran dirigidos por Rose Troche.
El nombre al frente, la estrella de un amplio reparto, era Jennifer Beals, veinte años después de Flashdance. El de esta actriz fue el primer nombre que Chaiken propuso, tan convencida estaba la productora de que debía figurar en el reparto que le dio a elegir: puedes ser Tina o Bette. Beals eligió a Bette, pero pidió que endurecieran al personaje, y que la hicieran como ella es: bi-racial, hija de una madre blanca y un padre negro. Hoy, todo esto nos suena muy Obama, Yes We Can, pero entonces…
Junto a Jennifer, una cohorte de actrices por aquí desconocidas, excepción hecha quizá de Pam Grier, aunque pronto se incorporarían otras cuya fama había cruzado ya el Atlántico, entre ellas Cybill Shepherd y Marlee Matlin.
Fue el inicio de algo grande cuya trascendencia no ha escapado a casi nadie: The L Word es sólo una serie de TV, pero es mucho más que una serie de TV, porque como quien no quiere la cosa ha ayudado a cambiar la visión que la sociedad tenía de la comunidad lesbiana y transgénero. Desde el inicio, las peripecias de sus protagonistas fueron seguidas con interés por una legión de admiradoras, que por fin veían que la tele se ocupaba de ellas… aunque lo hiciera a través de un grupo cuyo estatus social y económico tenía (tiene) poco que ver con el de la mayoría de las lesbianas.
Pero, queda escrito, se acaba… Eso sí, que nadie se desespere: hay ya en marcha un spin off, cuyo rodaje —según se anunció el pasado 4 de septiembre— comenzará en diciembre, con un episodio piloto escrito por la inevitable Chaiken y que será protagonizado por Leisha Hailey, Alice.

To be continued... |
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