Libre ya de todo y de todos, olvidadas ya las ataduras que la mantuvieron encadenada (personal y literariamente) a un marido que usurpaba su talento y firmaba sus trabajos, plenamente reconocida, Colette retrata en esta novela corta pero intensa la condición femenina que se mueve entre la estrechez económica y la ligereza moral. Para componer el personaje protagonista, recurre a elementos de su propia biografía; también la autora, casada muy joven, sabrá que el descubrimiento de su destino como mujer supone «el fin de mi carácter de muchacha, intransigente, bonito, absurdo», como confesó en Lo puro y lo impuro.
Publicada originariamente en 1945, la nueva traducción de José María Solé salvaguarda la frescura del texto original y rescata las menciones que fueron “pudorosamente” omitidas en versiones anteriores.
La autora
Colette es una de las legendarias autoras francesas. Novelista, guionista, actriz de teatro, periodista, mimo o empresaria, miembro de la Real Academia de Bélgica y de la Academia Goncourt, amante de mujeres y de hombres y, por ello, siempre rodeada por una aureola de escándalo, supone un hito entre las figuras del siglo XX.
Nació el 23 de enero de 1873 en Saint-Sauveur de Pisaye, en la Borgoña francesa, hija de Adèle Sidone Landois y del veterano de guerra Jules Colette. Lectora voraz desde niña (Daudet, Balzac o Victor Hugo son sus favoritos), se casa muy joven con el periodista Henry Gauthier-Villars, «Willy». Se traslada a París y, además de empezar a frecuentar los ambientes intelectuales y bohemios, escribe artículos que firma su esposo. Este la anima a escribir una obra de largo aliento y así inicia la serie de Claudine, con Claudine en la escuela, que también aparece bajo la firma de Gauthier-Villars, en 1900. La obra supone un éxito.
A partir de 1909 y tras la separación del matrimonio, Colette inicia una larga batalla legal para recuperar la autoría de su obra. Continúa escribiendo, con una prosa diáfana y con ánimo transgresor, textos que desenmascaran las hipocresías del mundo burgués, de batallas privadas y buenos modales públicos.
Entre sus numerosos títulos se encuentran: Claudine en París (1901), Claudine y el matrimonio (1902), Los zarcillos de la vid (1908), La vagabunda (1911), Las horas largas (1917), Entre la multitud (1918), Chéri (1920), La casa de Claudine (1922), El nacimiento del día (1928), Sido (1930), La gata (1933), Mis aprendizajes (1936), La estrella de la tarde (1946) y El farol azul (1949).
Dejó escrito en Diálogo de animales (1904): «Quiero hacer lo que quiera… Quiero subirme a un escenario… Quiero bailar desnuda… quiero escribir libros tristes y castos…».
Tras la Segunda Guerra Mundial, es reconocida por la crítica y los lectores. Fue amiga de Cocteau, Proust, Picasso, Jarry, Simone de Beauvoir, Schowb o Genet, entre otras tantas figuras que conmocionaron el siglo XX. Murió el 3 de agosto de 1954, en su apartamento de Palais Royal. Tras recibir honores militares como gran oficial de la Legión de Honor, fue enterrada en el cementerio de Père Lachaise.
Lo que le dijeron a ella...
«Eres la única persona que sabe hacer pompas de jabón con nuestro lodo. Tu inspiración da color a cualquier cosa.» Jean Cocteau
«Un lenguaje sabroso casi en exceso... ¡Ah! ¡Cómo me gusta la manera de escribir de Colette! ¡Qué seguridad en la elección de las palabras! ¡Qué delicado sentimiento del matiz! Y todo ello como jugando, a La Fontaine, como si nada, resultado de una elaboración minuciosa, exquisito resultado!» André Gide
«Gracias por el Gigi-Chéri, que hemos escuchado largamente esta mañana. [...] Colette fue increíblemente representativa de una cierta Francia entre 1900 y 1946, con su sabor popular picante, sus amaneramientos (que los tenía), su golosa manera de vivir, tan peculiar, y todo su código de lo convencional, tan complicado como el de la antigua China.» Marguerite Yourcenar
«Usted es el impudor orgulloso, el sabio placer, la insolente libertad.» Jean Anouilh
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