Estamos en los primeros días de julio de 2002. Hablo con una amiga a propósito de la llegada de arena a París, para el primer París-Plage [París-playa] *. Nadie sabe si la operación será un éxito, o si habrá que replantearla. Una idea: hay que hacer una película.
La utilización de DV no es una elección económica, sino artística, porque las nuevas tecnologías nos dan la oportunidad de redescubrir el lado «turbio» de una imagen desenfocada. Pienso que la nitidez de imagen excesiva es vulgar.
Paris-plage está bien pero lo que siempre me ha interesado en las películas, como en la vida, es la gente. La capacidad de la gente de emocionarse, turbarse. Pero hay otro aspecto de la vida que siempre me ha interesado, y ha despertado mi interés: el azar… este azar gracias al cual las personas pueden encontrarse… y cuanto mayor es la improbabilidad de su encuentro, más posibilidades tiene su historia de atraparnos.
En 2002, las películas de lesbianas eran escasas. Es otra de las razones por las que quise hacer esta historia de amor entre dos chicas. Pero hay otras razones: de entrada, la muerte de mi padre en mi infancia que me obligó a crecer entre tres mujeres (madre, hermana, abuela)… lo cual, con toda seguridad, me ha dotado de una sensibilidad femenina y si bien no me siento atraído por los hombres, me reivindico como una «mujer lesbiana»... Lo cual, por supuesto, hace reír a todas mis amigas lesbianas.
Otra razón: política. 8 o 10 hombres en una película preparan un robo, absolutamente banal. Pon a cuatro mujeres en una película e inmediatamente alguien preguntará: «¿Por qué en este film no hay más que mujeres?» ¿Y por qué no? De todas formas, mi obra entera está marcada por las mujeres.
Es por ello que el tema se presentó ante mí con toda naturalidad, la historia de amor entre dos chicas… y digo bien «historia de amor», nada más que eso. Esta película es también una reflexión sobre el tiempo y la infancia eterna. Se inscribe en una tetralogía sobre los elementos (siendo Le Sable [la arena] la Tierra).
*Desde el año 2002, cada verano, París vive el Paris Plage, un evento que cubre de arena la costa del Sena y ofrece durante las semanas más tórridas del estío la posibilidad de caminar por la orilla del río entre palmeras, hamacas, piscinas y parasoles.