Esta producción canadiense, que llega a España con bastante retraso (fue rodada en 2005 y se estrenó en cines dos años después), ha sido dirigida por Thom Fitzgerald, al que quizá conozcáis por El jardín colgante. Su principal mérito: adaptar el lenguaje cinematográfico al contexto, al ambiente en el que se desarrolla cada una de las acciones, en busca de un único hilo argumental: la emotividad.
Cada historia está situada en un continente distinto, adopta un punto de vista y tiene protagonistas bien diferentes, eso sí, todos llevados a un dilema moral motivado por la enfermedad.
Y si la historia es atractiva, porque está bien filmada y porque nos concierne a todos, el reparto es de los que no dejan indiferente. Está encabezado por Lucy Liu, a la que conocimos en Ally McBeal y que luego ha participado en las sagas de Kill Bill y Los ángeles de Charlie; Chloë Sevigny (El precio de la verdad, Zodiac); Olimpia Dukakis (Entre mujeres); Sandra Oh, la Doctora Yang de Anatomía de Grey; Shawn Ashmore, el Hombre de Hielo de X-Men; y Stockard Channing, a la que recordamos de Grease y quien recientemente habitara, junto a su marido en la ficción, en El ala oeste de la Casa Blanca.
Quienes la han visto, han dejado escrito que se aleja de los tópicos que giran alrededor del virus y desarrolla historias originales y diferentes para golpear al espectador sensible y acariciar al insensible.
Hypnos, en precriticas.com, escribió:
«De él [el director] no es que sea un gran conocedor, pero sí que he tenido la ocasión de disfrutar de su ópera prima, la multipremiada a la par que desconocida El jardín colgante, una película sin duda con mucha fuerza y lo suficientemente interesante para que la haya incluido en mi lista de películas a llevar para que mis compañeros precríticos la puedan “disfrutar” en algún finde precrítico.
(…)
»De él me gusta su capacidad para crear personajes con muchas aristas, conflictivos, problemáticos con el guionista y capaces de moverse en atmósferas oscuras.
»Sólo espero no descubrir que el paso de los años ha domado la energía que Fitzgerald mostró en su ópera prima que, sencillamente, me encandiló.
»Sentiros afortunados, de verdad, creed en mí.».

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