Ni siquiera la de un hombre, Thomas otra vez, padre de una prole numerosa a la que desnortó con su actitud: Klaus, homosexual liberado que acaba renegando de su condición, que arrancó su carrera literaria con buen pie, pero que nunca pudo quitarse de encima el peso de ser un Mann, y que acabó suicidándose; Erika, brillante actriz, escritora y periodista que, con el paso de los años, fue enclaustrándose en su radical odio a los nazis; Golo y Monika, Michael (que también acabaría suicidándose) y Elizabeth.

Thomas y Katia Mann |
La historia de la familia Mann es, también, la historia de la Europa cultural y política del siglo XX, y su peripecia exigía, en su traducción audiovisual, de un trabajo como éste, ciclópeo. Y aquí está: una mini serie de más de cinco horas, en la que Thomas Mann se reencarna en Armin Mueller-Stahl, al que recientemente vimos en Promesas del Este, nominado a un Oscar y galardonado con un Lola (equivalente alemán al Goya) por el conjunto de su carrera, mientras Sebastián Koch (El libro negro, La vida de los otros) revive a Klaus Mann, su hijo mayor, el mayor de sus fracasos.

Erika y Klausa Mann |
El trabajo de reconstrucción minucioso, a medio camino entre la ficción, el documental (la serie aparece trufada de filmaciones de la época y sus protagonistas) y el testimonio (declaraciones recuperadas de los archivos de Erika, Monika y Golo Mann pero, sobre todo, la mirada lúcida y nada rencorosa de Elisabeth Mann Borgese, la hija pequeña, la última superviviente de los seis hijos de Thomas y Katia Mann), nos permite seguir las andanzas del ganador del Premio Nobel de Literatura, autor de obras tan fundamentales como Los Budenbrock, La montaña mágica o Muerte en Venecia. Un trabajo televisivo extraordinario que se vio compensado con un Emmy Internacional a la Mejor Miniserie de Televisión y el Premio al Mejor Telefilm alemán de 2002.

Thomas Mann |
Y un trabajo televisivo nada complaciente: en la cinta dirigida por Heinrich Breloer, quien tomó como punto de partida los diarios del escritor, no se atisba ninguna intención de glorificar a los Mann, tanto Thomas como los otros miembros de la dinastía son presentados con toda la ambigüedad que caracterizaba esta familia enigmática. Así, seremos espectadores privilegiados del afán obsesivo por analizarse, la rigurosa disciplina de trabajo, las manías y la frialdad del escritor, su pasión por los jóvenes, su coquetería (por primera vez se habla de la homosexualidad de Thomas Mann… ¡incluso se nos ofrece el testimonio de un camarero que, siendo muy joven, despertó los deseos del gran hombre!), las tensas relaciones con su hermano Heinrich (y sobre todo con la mujer de éste, una mujer alegre y de vida alegre, tremendamente vulgar que acabaría suicidándose en el exilio estadounidense) y con sus hijos, la dulzura y paciencia de Katia, la gran mujer que se esconde detrás de un gran hombre.

Klaus Mann |
Son tres capítulos que, a pesar de las deficiencias del subtitulado, merecen ser vistas en el idioma original. Permitidnos comentar esas carencias. No sólo hay faltas de ortografía impropias de un niño de primaria, sino que los ¿responsables? de la tarea se saltan algunas partes difíciles, por ejemplo, las canciones del espectáculo de cabaret escrito y protagonizado por Erika Mann, y eso que se adivinan esenciales para comprender la lucha contra los nazis de la hija favorita de Thomas.

Nelly y Heinrich Mann |
Los tres episodios
En el primer capítulo (1923-1933), y de la mano de Elizabeth Mann, viajaremos hasta Munich, donde Thomas Mann y su mujer, Katia, vivían junto a sus seis hijos, en un ambiente de relativa comodidad. La afición de los hijos mayores del matrimonio, Klaus y Erika, por el amor libre y las drogas, no se oculta en este acomodado clan. El creciente poder del partido nazi alterará la vida de la familia hasta hacerla insostenible. En 1933, Thomas Mann decide abandonar Alemania para buscar un futuro mejor para él y los suyos.
El segundo capítulo reconstruye la vida de la familia en el periodo que abarca desde 1933 hasta 1941 y el tercero repasa los últimos años de vida de Thomas Mann, desde 1942 hasta 1955, da cuenta de su progresiva transformación y de cómo llegó a convertirse, gracias a sus intervenciones públicas y sus alocuciones radiofónicas, en la conciencia de la Alemania democrática, y de cómo regresó a su país natal apenas dos meses antes de morir.
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